La Nación Ñätho (Toluca); Ñahñu (Mezquital); Ñañho (sur
de Querétaro); N’yúhü (Sierra Madre Oriental), no conocía la
tradición mexicana del Día de Muertos. ¿Por qué? Porque los abuelos de nuestros
abuelos no vivían en México, pues no existía México, hasta que los criollos, mestizos,
afros y originarios en posiciones de poder, decidieron en la medida que
pudieron, unificarse en una nación que no dependiera de España.
Dicho esto, la realidad
que nos toca señalar es que la tradición del Día de Muertos llegó del
Calendario del algún día conocido como viejo continente (Europa), el cual se
estableció como el santo grial para definir el tiempo en el nuevo continente
(América), dejando de lado el, o los Calendarios de las naciones de la región
conocida como Mesoamérica.
Entre esos Calendarios se
encontraba el “Calendario Hñahñu” como lo ha presentado Geraldine
Patrick-Encina, el cual se rige por “zäna” (lunas), que podríamos interpretarlo
como meses de 20 días, y donde no encontramos alguna fecha relacionada con la
tradición del Día de Muertos.
Y es que hay muchas
fechas que durante la “evangelización” en la Nueva España, las políticas
religiosas intentaron hacer coincidir con las celebraciones prehispánicas, no
todas se lograron, sin embargo, con toda seguridad los Pueblos Originarios,
supieron hacer que prevalecieran muchas de ellas, sin que se percataran los religiosos,
y tal vez tampoco nuestros abuelos, de lo que estaba por suceder.
Y es que de acuerdo al
Calendario impuesto, el 1 de noviembre se dedica a Todos Santos, y el 2 de
noviembre a los Fieles Difuntos, pero aunque es conocida la celebración como
Día de Muertos, como tal este último no es el nombre oficial, por cierto en
ninguna de estas dos fechas.
Ahora bien, ¿Quiénes son
los Santos del 1 de enero? Pues como relata Elsa Malvido, refieren a todos los
santos, ya sean canonizados o no del cristianismo, que no tenían una fecha de celebración.
Y quienes viven de cerca la fe católica entenderán que los Santos no
canonizados, son los niños bautizados que no cometieron pecado alguno, pero
que, sin embargo, fallecieron.
Por otra parte, el 2 de
noviembre del calendario cristiano, se dedicó a orar por todos los Fieles
Difuntos, es decir, los católicos del mundo conocido, ya que al inventar la
Iglesia una tercera opción de la geografía del inframundo católico, el
Purgatorio,29 dio oportunidad a que los fieles creyeran que gracias a sus
plegarias y las de otros (sufragios), les otorgarían la licencia para salir del
purgatorio en poco tiempo o para evitar la vida eterna en el infierno, el peor
temor del siglo XIV; pero son difuntos que en teoría no son Santos, por lo que
se alude a que son personas adultas.
Con lo anterior, parece
entendible, porque el 1 de noviembre llegan (en México) los niños, y porque los
adultos llegan el 2 de noviembre, sin embargo, con lo anterior no se puede
explicar en su totalidad tanta identidad con esta celebración en nuestro país,
porque hasta ahora, sólo tenemos la referencia Europea de la celebración.
Pues bien, regresemos al “Calendario
Hñahñu” donde Geraldine Patrick-Encina, nos muestra el nombre y significado de
los días, que por cierto, ninguno coincide con la existencia de un Día de Muertos.
Sin embargo, cuando leemos
sobre las zdäna (las veintenas que podemos entenderlas como meses), encontramos
lo siguiente:
“La veintena del 22 de
julio al 10 de agosto, Atsengodu (tse: chica, ngo: fiesta y du: muerte) se
puede interpretar como la pequeña fiesta a los antepasados muertos que se han
transformado en la tierra que ahora está dando frutos.
“La fiesta se extiende y
se agranda durante la veintena siguiente (del 11 de agosto al 30 de agosto) que
lleva por nombre Antängodu: tä (grande), ngo (fiesta) y du (muerte)”, es decir,
la fiesta grande a los antepasados muertos.
Pero hablamos de periodos
de tiempo extensos, en total, son 40 días, y no sólo dos, además no coinciden con
las fechas de noviembre; es cierto, sin embargo, de acuerdo con este
Calendario, el 1 y 2 de noviembre, son días que están dentro de una zdäna “Anzųni”,
que va del 30 de octubre al 18 de noviembre, y “se asocia con la palabra zöni,
que significa llorar, acto que para este tiempo se asocia con nostalgia y luto.
De la Vega (1998:45) menciona que en la tradición oral se dice que los perros
aúllan (zoni) porque ven las ánimas”.
A partir de aquí, es una
interpretación personal. Así que, si entendemos que Los Pueblos Originarios tienen
por un lado la imposición de un Calendario con sus fiestas, por el otro, son
personas que no quieren perder lo que son, y toman por asalto el 1 y 2 de
noviembre para reinterpretarse y adaptarse a las nuevas condiciones del mundo
que les rodea, por lo que la veintena de la pequeña fiesta, se convierte en la
fiesta de los pequeños (niños, Todos Santos); y la fiesta grande, se convierte
en la fiesta de los grandes (adultos, Fieles Difuntos), durante un tiempo de
nostalgia y luto.
Esto por un lado y por
otro, si bien los altares de la tradición también son de origen europeo, la
relevancia que cobra la comida, es en gran medida, a la manera en que los
pueblos originarios realizaban sus vida cotidiana y sus tradiciones, siempre
dando importancia a la comida, como el vínculo social entre las personas,
situación que no debía cambiar con las personas muertas.
Así que, es importante
entender que no, la Tradición de Día de Muertos no es un tradición
Prehispánica, no se conoce hasta ahora alguna referencia de que hubiere una
Festividad con el sentido que hoy conocemos, es una celebración Católica, que
gracias al mestizaje, definitivamente es una tradición totalmente Mexicana.
